lunes, 9 de marzo de 2009

Canon : Sandra capítulo 1

El hombre de la gabardina finalmente se ha marchado. Cada vez se me hace más dificil soportar su presencia. Desde el día que apareció, ha estado siguiendo mis pasos silenciosamente, intentando confundirse con el gentío que nos rodea.

Son las 23:34 pm de la noche, y París está más bonito que nunca. Sus habitantes sonríen acordes a la luz acaramelada de sus farolas. La soledad que suelo experimentar en el trabajo está acercándose, por lo que aprovecho al máximo estos últimos instantes de compañía. Soy prostituta en un local de lujo del barrio latino. Nadie me obligó a hacerlo. No siento nada físico, ni el roce de la piel, ni los moratones que mis clientes me propinan, ni la brutalidad de sus abusos. No disfruto al contemplar las escenas dantescas que tan a menudo me obligan a realizar. Mi oficio es el menos grato de toda la ciudad, pero posiblemente el mejor pagado.

Sigo el trayecto de la Rue de Charonne, yendo en dirección opuesta a los conductores. Adoro los contrastes de este lugar. Por un lado, la pobreza más hiriente se esfuerza en sacar limosna de sus humildes locales. Tenemos el "superette de Charonne", la tienda de televisores de ocasión, o el ultramarino de Pakistanís "Arc Chaud". Justo enfrente, burlándose de todos ellos, las sillas dispuestas al estilo parisino en las aceras escoltan a sus cafeterías de lujo. Llegada a la interesección con el Passage Josset, me dirijo hacia el mundo de riqueza al que algún día perteneceré. Es la hora de cambiarme de acera.

Mientras subo los escalones de la casa del siglo XIX, voy pensando en lo qué tendrán esta noche preparado para mí. Quizás deba participar en alguna orgía de viejos empresarios, sudorosos de dinero. Tal vez me haya reservado de nuevo, el teniente de alcalde de la ciudad. O las dos cosas al mismo tiempo.

En mi rutina insensible, se cuela otra vez el hombre de la gabardina. Intento recordar todas las ocasiones en las que le he visto últimamente, condenadamente puntual a mi querido día a día bañado por la luz del sol. Esto es lo que más me preocupa, que intenten arrebatarme mi propio país de las maravillas. En la noche, soy de cualquiera que tenga el suficiente dinero para pagarlo. Imagino que nadie tiene bastante para pagar lo que siento, cuando despierto cada mañana. Cuando recorro las calles con la brisa del viento del Sena cogiéndome de la mano. Imposible comprar lo que experimento al ver danzar en el aire el globo de helio, que todos los días compro, al hombre que perdió su boina en el divorcio del que siempre habla. Contemplar ese rojo artificial volar de un lado a otro es demasiado en juego para mí. Llego al rellano.

La puerta siete me advierte que se terminó este mundo. Mi cabeza se marcha a dormir. Tengo mucho sueño, me obligo a recordar todo lo que he reflexionado en los últimos minutos, para contárselo al día siguiente a Jack. él seguro que lo entenderá. La puerta se abre. Buenas noches.

1 comentario:

polux dijo...

jack, me gusta sa elección!*.*
(done)