miércoles, 14 de noviembre de 2007

Hst Artistas del bisturí, capítulo 4: La radio

(escrito originalmente por L.Poe)

Poco después de su llegada a Paris habia encontrado un trabajo. Nunca antes habia trabajado como marcaba su condicón aristocrática , pero la necesidad mandaba. Los harapos de la pobreza no te cubrían del frio causado por el hambre, o el tener que pagar alquiler. Pero casualmente los sueños suelen salir por menos de lo que imaginas, y así ocurrió con su ekipo radiofónico. Vagando por la ciudad dio con una vieja emisora en quiebra. El afligido propietario sacaba trastos de una oficina cuando reparó en ella. Estaba quieta, mirando el traslado con ojos curiosos desde una distancia prudente para no parecer entrometida. El hombre advirtió su presencia con un escalofrío,como si los ojos de ella se hubieran clavado en su espalda. Se volvió alarmado pero sólo se encontro con un rostro aniñado, pálido, inocente, enmarcado por una melena negra como la noche que enseguida ansió acariciar. Ella conocía esa mirada. Muchos le habían mirado de esa manera antes y sabía como actuar. Lo había sabido siempre. Por un momento, al ver la sonrisa de ese hombre, se le ocurrió llevar su juego un poko mas lejos. Era mayor ke ella, pero bajo su camisa se advertía un cuerpo fuerte, su rostro era agradable y... se había sentido tan sola desde ke se vio forzada a abandonar su hogar... Él empezó a acercarse y de repente los hechos ke la habian llevado hasta ese punto volvieron a su mente como un torbellino. No. No podía jugar, tenía cosas que hacer. Había llegado alli con un propósito y tenia que cumplirlo. La frialdad que tenía su mirada mientras reaccionaba desapareció por arte de magia trasformándose en la mas cálida sonrisa cuando él le habló:
-necesita algo señorita?
- no gracias, sólo miraba. Me llamó la atención todo ese equipo en mitad de la acera.
- sabe lo que es?
Se hacía el interesante, buena señal.
- no - mintió ella- por eso estaba mirando.- y acentuó mas su sonrisa.
La seguridad se apoderó del propietario de la radio que empezó a explicarle de que se trataba todo aquello: los distintos aparatos, su funcionamiento... ella posaba con su gesto mas interesante. Le dejaba hablar y hacia las preguntas justas.
- es una pena que tenga que cerrar, con lo que me gusta a mi escuchar la radio!! De pequeña me sentaba con mi abuelo y la escuchabamos juntos. Siempre jugaba con él. Nos inventabamos noticias e historias y las contabamos como locutores. Me hubiese gustado poder serlo al crecer pero.... bueno, nunca tuve la oportunidad.
- si hubieses venido antes te hubiera contratado. Tienes una voz preciosa.
Esa frase marcó el mometo de pararle los pies.
- Bueno debo irme ya. ha sido muy amable por explicarme todo eso. Siento mucho lo de su emisora, es una lástima que todo ese material acabe en la basura.
-oiga, no kiere llevarse nada? Lo voy a tirar todo. No puedo venderlo porque es algo viejo y ya se usan otros equipos. Hay algo que puede valerle. Por lo menos para recordar como jugaba. Si quiere puedo llevarselo a su casa e instalarlo.
- en serio?? Muchas gracias, no sabe la ilusión que me hace.

Ambos empezaron a andar por las atestadas calles hasta llegar a la buhardilla donde ella vivia. El equipo quedó instalado, ella preparó té y se pusieron ha hablar.
-a ke te dedicas? Una muchacha que vive sola tiene que mantenerse no? Aunque con lo delgada que está se diria que te alimentas del aire.
- jajajaja- no le hacia ninguna gracia pero tenia que parecer amable- no, si que trabajo. Encontré un empleo en la morgue. Nadie queria esa plaza. Limpio los cadáveres despues de las autopsias y los preparo para las familias.
Dijo esto tan tranquila, como si fuera la cosa mas normal del mundo, aunque sabía que no lo era. El semblante de su acompañante se ensombreció ante la noticia, le tembló el pulso y derramó un poko de té. El miedo a los muertos era algo de lo que se escapaban pocas personas, generalmente aquellas que habían visto ya algunos... para el resto, los cuerpos sin vida producian una especie de pánico irracional que los alejaba de cementerios y morgues, y de las personas que trabajaban en ellos.
- vaya, debe ser... inquietante no?
- la verdad es que no. Es un trabajo... trankilo, jajajaja!!
El rostro del hombré palideció. Este tipo de humor no era aceptable. Rápidamente buscó una excusa para irse sin parecer grosero y se marchó.

Lady Poe se quedó sola. No le importaba. Había conseguido ese pequeño equipo de emisión sin problemas. Estaba deseando estrenarlo pero hoy le tocaba turno de noche. Lo de la morgue era cierto. Había elegido ese trabajo a propósito, era perfecto para llevar a cabo su plan. No tenía que relacionarse socialmente con nadie, ni hombres entrometidos, ni mujeres envidiosas... sólo trataba con algún médico de vez en cuando, pero tampoco hablaban mucho, sólo cosas del trabajo. En cuanto a los muertos, preferia su presencia, se sentia segura y tranquila entre ellos.... mas que entre los vivos.

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