miércoles, 22 de diciembre de 2010

El gordo de Navidad

Hace tiempo que no escribo, un pequeño descanso y negro sobre blanco para vosotros :).

Os voy a contar una historia, con personajes que en su mayoría fueron reales y en un pequeño número lo siguen siendo. Son 4 minihistorias que hay que leer para entender la trama final.


Mi primera revelación. El gordo de Navidad es un señor mayor que vive en la Malvarrosa. Le recuerdo abriendo el bar "Horchatería Tio Pepe" (horchatería venida a menos, bar venido más a menos, aunque con la sana costumbre de abrirse todos los días). Como decía, es un hombre que te sonríe por defecto. ¿Os lo describo? ¿Cómo le imagináis? Que cada cual se pase por la Malvarrosa si quiere verle con sus propios ojos ;).


El tío Pepe te dice todas las mañanas de sorteo de Navidad: "L'únic premi que jo vull es no tancar el bar" (el único premio que yo quiero es no cerrar el bar). Le preguntas por el sorteo y se hace un lío con los números que lleva anotados en una vieja libretita, donde apunta de memoria el precio de dos cafés, y con suerte el de una horchata. (eso si, granizada y de chufa). Los tertulianos del bar (cinco a lo sumo) reniegan del viejo televisor, el cual sigue con sus dos únicas frecuencias (la buena y la mala). El gordo de Navidad tiene 3 hijos y les ha criado a la orilla del mar. Su mujer falleció dando a luz al tercero. El tío Pepe solo quiere que no le cierren el bar.


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2. El gordo de Navidad es una mujer del barrio del Cabañal que vende cupones de la ONCE. (no le he llamado la gorda de Navidad por deferencia con una señorita). Merceditas siempre ha recelado del sorteo de mañana. Las veces que me la crucé, me sentenciaba con altivez las miserias que muchas personas pasaban día a dia en ese mismo barrio. Que ella lo oía todo. "Que estic cega, pero no tonta, i ací hi ha gent que passa molta fam".

Ella vende cupones esperando repartirles suerte. Merceditas es real, se que está en la nueva parada de metro del Cabanyal. Si queréis que la describa, lo hago, pero prefiero que se presente ella misma.

La gorda de Navidad (lo he dicho muy bajito para que no se entere, que los invidentes tienen oidos finísimos) es una mujer que adora los gatos. Vive en una de las viejas casas que dan al paseo marítimo de la Malvarrosa, y resulta que fue la esposa de un gran empresario valenciano. Cuentan que amasa una gran fortuna, pero sólo lo cuentan, nadie lo escucha. Y eso es porque todos los del barrio saben que está empeñada en repartir suerte entre los necesitados que la rodean. Es anónima, es solitaria, y no le gusta que el protagonista sea el sorteo de mañana. Aún así, se levantará como cada día a las 6 para llevar la suerte fresquita como ella dice. Que poco más le importa en esta vida.


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3. El gordo de Navidad son los propietarios de la carnicería Casinos. Antiguos compañeros de la facultad de económicas, sin licencia y con una planta baja mal heredada en la misma avenida Malvarrosa.

Ellos te muestran con orgullo una hoja garabateada mientras eliges mortadela con o sin olivas. Una hoja con las operaciones (reales) estadísticas, por las cuales han elegido los números que venden. Saben que si trabajaran en bolsa acabarían con dinero suficiente para cerrar la carnicería, dejar paso a un gran almacén, y salir del barrio en busca del chalet con vistas al mar.

Mis abuelos siempre me insistían en que les recordase comprar "uno de cada" de los décimos de Casinos.

Hace poco dieron un 5to premio. Dos carniceros de Valencia.

Siguen aconsejándote que mortadela debes elegir cada mañana.


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4. El gordo de Navidad es una familia que tuvo que emigrar desde Albania y ahora trabajan en la tienda "Demoda", gracias a que Consuelín les ha enseñado a coser como si fueran hijas suyas. La madre y las dos hijas tienen la sonrisa de la gratitud perenne. El padre y su gran bigote, se desloman cargando cajas un día tras otro, con algo de resignación, pero con buena salud, ya que haber estudiado medicina en su pais ha tenido sus ventajas. Ahora sabe diferenciar el Lumbago de una contractura.


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El gordo de Navidad es la mañana en la que Sheima (una de las hijas de Yaban, nuestro todoterreno) va a hacer la compra y se encuentra con Merceditas. Ésta le insta a comprar un número que seguro que sale en "los ciegos", que lo ha soñado, que le haga caso por el amor de dios.

Sheima tiene el dinero justo para pasar por el bar y comprarle un bocata a su padre, y parar en la siguiente esquina e intentar que le dejen la mortadela a buen precio. Niega con amabilidad a la vendedora de cupones, que termina reconociéndola.

- Tu no eres la xiqueta del metge? (¿tu no eres la hija del médico?).

Algo sorprendida, Sheima asiente, ajena al extenso conocimiento que Merceditas tiene sobre varios centenares de personas que viven entre aquellas calles.

- Sou bona gent, tin, te'l regale. (sois buena gente, toma, te lo regalo).

La mujer termina por darle el número que dice que saldrá en el sorteo de esa noche. Con algo de apuro, Sheima lo guarda en el bolsillo y continua su camino hacia el bar tio Pepe.


El tio Pepe comenta con su sonrisa socarrona el mal partido del Valencia (se rumorea que es del Levante, aunque muchos aseguran que tiene el pase del equipo blanquinegro guardado como oro en paño). Al tio Pepe le gusta que su gente se mezcle con estas trivialidades. Su bar se mantiene vivo, y su bar es su vida.

Sheima pide un bocadillo de atún con olivas y espera paciente a que se lo compongan.

La ceremoniosidad del tio Pepe es deliciosa. Trata al pan como si fuera un recién nacido al que le pones por primera vez unos pañales. Salpica de aceite aqui y allá, y finalmente corta finas las olivitas.

Junto al bocata ofrece un décimo de lotería, "que seguro toca" a la niña. Ésta le contesta con una mirada de indefensión que casi le hace sentirse mal. Pero el Tio Pepe, es un hombre de principios, y cree firmemente que regalar algo es una ofensa para el que recibe el regalo (sobretodo en circunstancias como las descritas), asi que le propone un trueque.


- Dame ese cupón, que eso nunca toca. Toma, quédate este décimo de lotería. (buen cambio, un cupón de 250 pesetas por un décimo de 3000).


Sheima no es asidua a los juegos de azar, asi que no termina de comprender la diferencia entre uno y otro. Asiente con gratitud, sabiendo que es todo lo que lleva en los bolsillos para pagar la sonrisa del señor. Éste le guiña el ojo, como lo haría su propio abuelo y continua con su tarea de criticar al Valencia. ("Com t'anava diguent Ximo, eixe Mendieta no val ni per a cullir taronges...").


Nuestra protagonista cruza la calle y entra en la carnicería, algo apurada porque el paseo está durando más de lo previsto. Allí la reciben dos locos y una antigua clienta, cortando la carne en lonchas muy muy finas; que a la señorita "Fina", le gusta muy muy fina.


- ¿Pero el qué le gusta Fina?! Srta Fina?! -

- Ui mare, descarats.-


La mujer se va con una sonrisa que recuerda a tiempos de postales con bañadores de cuerpo entero, y deja el turno libre para Sheima. Saca su nota de la compra y entre ella y varias monedas de cien pesetas, deja el décimo del Tio Pepe.


- Hombre! Eso te lo ha vendido ese señor de alli... ¿A qué si Sheima? - Carlos, el más joven (y más calvo) señala hacia la otra esquina.

- Si... Bueno, me lo ha regalado.-

- Ay... Tio Pep, Tio Pep - Vicent empieza a entonar una canción típica valenciana aprovechando (como era de recibo) cualquier excusa. - Ayyyy de muro que ens portaràs tio Pep, tio Pep tio Pep, tiiiio Pep...!- sale a la calle y señala al viejo horchatero que nunca ha terminado de entender a ese par de locos.

- Tio Pep Tio Pep, tio peeeeeeeep... - los brazos abiertos para terminar saludando al genuino Tio Pepe imitando a la Fallera Mayor de Valencia.


Mientras Vicent terminaba su interpretación, Carlos ha convencido a Sheima para que le cambie la papeleta. "Hazme caso, éste toca seguro".

08180 vaya número más raro. Le gustaba más el otro, que tenía un número de cada.

Carlos casi se lo mete él mismo en los bolsillos, y se suma al saludo falleresco de su compañero. Nadie les mira desde la otra esquina, pero están contentos. Saben que mañana harán felices a muchas personas.


Sheima sale con una sensación de irrealidad algo liviana. El décimo sonríe desde dentro de su bolsillo.


¿Queréis saber como termina la historia?


Sólo os diré que cada uno de los personajes ha seguido haciendo la misma vida que antes. Con la diferencia, de que su única preocupación es ser felices y hacer felices a quiénes siempre les han ayudado.


Siguen ahí, esperando que vosotros forméis parte del gordo de Navidad.

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Y esta es la historia. Para mi el Gordo de Navidad son todas las historias de gente buena, a las cuales un sorteo como el de mañana les hace la mínima justicia posible. La de ser felices.


Un saludo


Y que repartan mucha salud =)


1 comentario:

pólux dijo...

A nadie le toca pero todos salimos ganando. ¡Claro que sí!